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03 Mar
03Mar

Un precepto dice que para que un acontecimiento pueda ser considerado un hecho histórico deben haber pasado, como mínimo, cincuenta años. En ese periodo se supone que el evento tuvo un tiempo suficiente de asimilación y aceptación por parte de la sociedad que lo experimentó y que, si fue traumático, ya se lo puede observar con la distancia con la que se observan aquellos hechos fortuitos que dejan la amarga experiencia en aquellos que lo padecieron. El 50º aniversario del último golpe de Estado perpetrado en nuestro país llega en un un momento sumamente delicado: con la implantación de un gobierno de extraña derecha, con la democracia en estado terminal, con la pérdida de creencia en la clase dirigente y con una sociedad que apela a la desmemoria como forma de castigo para supuestos actos de corrupción se llega al medio siglo de uno de los acontecimientos más negros y tristes de nuestra historia. 

Sin embargo en estos cincuenta años el alejamiento temporal de aquella situación traumática nos permitió conocer el número oficial de desaparecidos, identificar las diferentes violaciones a los derechos humanos que realizó la última dictadura y hasta pudimos enjuiciar a los miembros de las juntas por delitos de "Lesa humanidad" volviéndolos imprescriptibles y aplicándoles las más altas penas de nuestro código penal. Pero también este medio siglo fue el de la resistencia, la resiliencia y la creación de espacios destinados a la memoria. Organizaciones como Abuelas y Madres de Plaza de Mayo, H.I.J.O.S o el C.E.L.S. (Centro de estudios legales y sociales) permitieron no solo la organización y sistematización de los afectados por las desapariciones sino que, además, tuvieron un rol preponderante en la Reforma Constitucional de 1994 en la cual se incorporó una serie de tratados y normativas referidas a los derechos humanos con rango constitucional. Luego, las políticas de estado adoptadas entre el 2008 y 2022 resignificaron cientos de espacios otrora destinados a la detención y tortura de personas en centros de memoria, culturales, comunitarios y promovieron la creación de sitios como el Paseo de la memoria frente a la costanera porteña donde se conmemora y se reivindica la presencia de los desaparecidos frente a las emblemáticas aguas del Río de la Plata. 

Y en dicho proceso de construcción de la memoria el cine jugó un rol fundamental. Cuando apenas la dictadura comenzó a trastabillar el séptimo arte llegó como un método de denuncia y toma de conciencia sobre las atrocidades cometidas en los terroríficos siete años de horror y opresión. Así es como a partir de allí se inició un proceso en el cual el cine nacional -representado por una pléyade de talentosos cineastas- se puso al servicio de la memoria reciente y logró llevar a la pantalla grande muchas de las filias y fobias que la triste experiencia dejó en la sociedad argentina. 

Aquí les comparto un decálogo con los films sobre dictadura más emblemáticos que se realizaron en estos últimos cuarenta y tres años de democracia:

LA HISTORIA OFICIAL (1983, Luis Puenzo)

Cuando la pesadilla de la dictadura aún no había terminado Luis Puenzo decidó comenzar a filmar el guión de Aída Bortnik: La historia oficial. Para ello convocó a un elenco enorme integrado por Norma Aleandro, Héctor Alterio, Chunchuna Villafañe, Hugo Arana, Guillermo Battaglia y María Luisa Robledo (madre de la protaginista) y juntos emprendieron la empresa que, sabían, no sería una tarea sencilla. El film hacía foco en la apropiación indebida de niños durante el período 1976-1982 y exponía una verdad a voces que todos conocían pero que la población de entonces -ya sea por temor o por creer que los actos cometidos por la Junta militar eran legítimos- decidía evitar, tapar o silenciar. Así es como con un Reinaldo Bignone que comenzaba las tratativas para llevar a cabo la transición hacia el proceso democrático, en 1982, comenzaron el rodaje y debieron sufrir persecuciones, amenazas y todo tipo de intimidaciones por parte de los efectivos parapoliciales que intentaban seguir acallando la verdad y evitar futuros juicios. 

Con ese contexto complejo el film finalmente se estrenó una vez devuelta la democracia en 1983 y ganó el Oscar de ese año a la mejor película extranjera. Más allá de las controversias que generó la aceptación de un premio de Hollywood (el cual se interpretaba como la cara visible del lugar donde se ideó el Plan Condor que impuso las dictaduras en todo el continente americano) el film es todo un emblema de nuestro cine: en primer lugar porque fue el primero que comenzó a tratar los problemas de la dictadura por ese medio y, además, porque fue el puntapié inicial para que varios cineastas se decidieran por contar historias sobre aquel período traumático de nuestra historia y utilizaran el cine como un catalizador y promotor de la memoria. Es por ello que siempre que se intenta indagar en el cine que versa sobre la última dictadura, aparezca como la recomendación más acertada para iniciar el descubrimiento de las producciones nacionales y se la tome como un punto de inicio.

LA NOCHE DE LOS LÁPICES (1986, Hector Olivera)

Filmada tres años después de la Historia Oficial, el film de Olivera hace foco en el grupo de estudiantes secundarios de La Plata que se agruparon y dieron inicio a la campaña por el boleto estudiantil, no implementado por entonces. La noche del 16/09/1976 muchos de ellos fueron secuestrados y sólo dos pudieron sobrevivir a la terrible experiencia (Pablo Díaz y Emilce Moler). En el film, el director les pone un rostro a cada uno de aquellos jóvenes y, a partir de ellos, despliega todo un universo visual y filosófico para que el espectador logre comprender cuáles eran los valores que los movilizaban por entonces y en como lograron transformarse en el emblema más claro de la lucha y la resistencia juvenil de la historia reciente.

UN MURO DE SILENCIO (1993, Lita Stantic)

Cuando ya había pasado una década de vida democrática, Lita Stantic, una de las mujeres más formadas y que más trabajó por el cine nacional, llevó a cabo su ópera prima bajo el nombre Un muro de silencio. Producto de una coproducción entre varios países Stantic logró reunir un elenco inolvidable (Lautaro Murúa, Lorenzo Quinteros y Julio Chávez) encabezado por Vanessa Redgrave, una de las actrices inglesas más importantes que haya dado la escena británica. El film cuenta la historia de una cineasta inglesa que llega al país para filmar una película sobre los desaparacidos y, al intentar entrevistarse con quienes padecieron las violaciones directas del Estado Terrorista, se encuentra con un gran manto de silencio que se supone la consecuencia directa de los años traumáticos recientemente experimentados.

GARAGE OLIMPO (1999, Marco Becchis)

Cuando el siglo XX finalizaba y ya habían pasado casi diecisiete años de la dictadura, el proyecto de Becchis significó no sólo una intervención significativa sobre aquel episodio de la historia argentina sino que, además, demostró que el paso del tiempo moldeó a los espectadores para poder indagar en algunas cuestiones para las cuales, en films anteriores, parecían no estar preparados para recibir. Con muchas menos escenas de violencia explícita y con una utilización del lenguaje cinematográfico de un modo exquisito, Becchis se entromete directamente con el tema de los centros clandestinos de detención (de hecho uno de ellos dió nombre al film) y toca, por primera vez, el tema de los "vuelos de la muerte" aquella práctica cruenta en la cual trasladaban a los detenidos en avionetas de la fuerza aérea y los arrojaban al Rio de la Plata provocándoles una muerte imposible de sortear.

LA MASACRE DE SAN PATRICIO (2008, Juan Pablo Young y Pablo Zubizarreta)

El 4 de julio de 1976, cuando la dictadura apenas tenía unos meses de iniciada, en la Iglesia de San Patricio ubicada en el Barrio de Belgrano aparecieron acribillados tres sacerdotes y dos seminaristas que se encontraban en el lugar desplegando la actividad pastoral. Al parecer, los crímenes fueron cometidos por un comando de la dictadura por considerar que los cinco hombres llevaban a cabo actividades para imponer las ideas del evangelio tercermundista relacionado directamente con el adoctrinamiento comunista y la experiencia subversiva. Algunos años después, el periodista Eduardo Kimmel llevó a cabo una notable investigación periodística en la que dió cuenta de cierta complicidad de la Iglesia en aquellos crímenes y la expuso como entregadora al suponerla complice de la dictadura de aquellos años. Dichas acusaciones le valieron a Kimmel un injusto proceso penal que no solo lo llevó a estar detenido sino, además, a solicitar muchos años después, una reparación del Estado nacional por haber sido falsamente injuriado, privado de su libertad y por haberse transformado en uno de los casos más emblemáticos de censura periodística en plena democracia. 

VERDADES VERDADERAS (2011, Nicolas Gil Lavedra)

El film de Nicolás Gil Lavedra, además de una excelente oportunidad para indagar en la formación de las Abuelas de Plaza de Mayo permite acercarnos a la vida de Estela de Carloto emblema de lucha y resistencia de los familiares de desaparecidos en la última dictadura. En Verdades Veraderas el director expone a una Estela en estado original, cuando en 1976 era directora de escuela en La Plata y se encontraba ajena a cualquier afiliación o participación política. El secuestro de su hija Laura en 1977 (quien estaba embarazada al momento de la desaparición) le transformó la vida y, a partir de ella, pudo transmutar el dolor en lucha y resiliencia creando una de las organizaciones de derechos humanos más importantes a nivel internacional. Desde el inicio de su labor en Abuelas de Plaza de Mayo la organización de Estela lleva reencontrados mas de 140 nietos que fueron apropiados en los operativos realizados por la última dictadura y ,gracias a ello, logró la distinción y el reconocmiento de los más altos organismos de derechos humanos del mundo. 

LA MIRADA INVISIBLE (2010, Diego Lerman)

Ultimos meses de la dictadura argentina. María Teresa es una joven preceptora del Colegio Nacional Buenos Aires donde cumple su función de manera implacable en un curso superior. En su trabajo diario controla a los estudiantes, los espía, escucha de qué hablan y los persigue con tal de encontrar cualquier dato que pueda aportarle al rector, al quien no sólo reconoce como la máxima autoridad escolar sino que, además, aparece en la historia como el hombre que a su vez la domina y manipula utilizando su autoridad. La trama cambia en el mismo momento en que se esconde en el baño de hombres para identificar cuál de los estudiantes esta fumando y allí descubre un costado voyeurista que la llevará a transgredir las normas de lo permitido y ahondar en el plano de lo siniestro. Lo más interesante que tiene el film es que, a partir del tópico de la dictadura, logra inmiscuirse en un tema que durante años no formó parte de los proyectos cinematográficos y que no es otro que el de indagar cómo funciona la mente de un represor. Si bien María Teresa no es un miembro parapolicial ni trabaja para el Estado terrorista, su función de controlar y mantener el orden dentro de una institución educativa la vuelven el personaje ideal para pensar qué y cómo pensaban en aquellos años quienes tenían la función de vigilar o castigar en sentido faucoultiano.

SINFONIA PARA ANA (2017, Virna Molina y Ernesto Ardito)

Virna Molina y Ernesto Ardito retoman el tópico de juventud idealista elaborada por Héctor Olivera en La noche de los lápices y despliegan una historia de amor y militancia en el Colegio Nacional Buenos Aires. La cámara se traslada al interior del colegio y muestra a Ana, una adolescente que influenciada por el regreso de Perón y el inminente avance de la lucha armada decide integrar una organización guerrillera junto a otros compañeros. A partir de ese entramado el espectador se transforma en un observador omnisciente que logra desentrañar cómo era el modo de vida de esos jóvenes y reconstruir que pensaban, cómo sentían y que anhelaban para el futuro de la Argentina. A través del juego de pasado y presente el film logra articular el espíritu de época que vivieron aquellos jóvenes en los convulsionados años 70 y las consecuencias inevitables que les dejó la traumática dictadura para la posteridad.

KOBLIC (2016, Sebastián Borensztein)

Tomás Koblic (interpretado por Ricardo Darín) es un ex capitán de la Armada y que en la última dictadura militar participó de los "vuelos de la muerte" una de las prácticas más crueles perpetradas por el Estado terrorista que gobernó el país entre 1976 y 1983. A su retiro decide irse a vivir a Colonia Helena, un pueblo alejado que lidera el Comisario Belarde (Oscar Martinez) un delincuente vestido con uniforme policial y que, además de dedicarse al robo de ganado, posee extraños vínculos con militares retirados que participaron activamente en la última dictadura. El film expone una realidad que fue poco explorada en el cine sobre postdictadura y que tiene que ver con la resignificación que sufrieron muchos de quienes integraron las fuerzas de seguridad del estado terrorista y que, con el advenimiento de la democracia, debieron reinventarse dejando atras su oscuro pasado e intentar sobrevivir por fuera del rechazo social.

1985 (2022, Santiago Mitre)

Impuesta la democracia, una de las primeras medidas de gobierno que tomó Raúl Alfonsín fue el del enjuiciamiento de la Junta Militar que gobernó el país entre 1976 y 1983. Reconocido internacionalmente como el "Nuremberg Argentino" aquel juicio llevó al banquillo a los jerarcas de la última dictadura y expuso ante toda la sociedad los testimonios aberrantes de los cientos de testigos que pasaron por aquellas audiencias públicas y que relataron las mas crueles torturas, apremios y tormentos sufridos en los diferentes centros clandestinos diseminados por todo el país. El film es interesante no sólo porque expone uno de los hitos fundamentales en la historia reciente de nuestro país sino porque permite indagar en cómo fueron aquellos días para dos de los personajes más importantes que lo materializaron: el Fiscal Julio César Strassera y el Fiscal Adjunto Luis Moreno Ocampo. Aquel juicio supone para la historia del derecho internacional un claro ejemplo de justicia transicional como nunca antes se había visto luego de los juicios de Nuremberg contra los jerarcas nazis.

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