Con la desaparición física de Héctor Alterio la semana pasada se fue una parte importante e imborrable de nuestra cinematografía nacional e hispanoamericana. Nacido en 1929 en Buenos Aires (descendiente de italianos llegados al país durante algunas de las olas migratorias que forjaron la nación) ya en la escuela primaria dió sus primeras manifestaciones artísticas y allí descubrió desde muy temprana su vocación. En su juventud participó de varios proyectos teatrales pero fue en la convulsionada década del 60 en su país cuando comenzó a profesionalizarse en la compañía Nuevo teatro (indispensable en la actividad artística y cultural de aquellos años) y a partir de allí comenzó a forjar los primeros pasos en la que luego sería, una de las carreras más brillantes y prolíficas del teatro nacional.