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13 Jan
13Jan

Durante años llamó la atención porqué los rumanos en toda su historia sólo pudieron producir una versión de Drácula (la de Doru Nastase en 1979) mientras que otros tantos directores foráneos se dedicaron a realizar las versiones más disímiles y experimentales que se puedan imaginar. Si bien durante los años de Ceaucescu era entendible que no se otorgaran fondos para filmar historias que no estuvieran destinadas a la propaganda del régimen, una vez que este cayó, tampoco se intentaron proyectos que lograran competir o acompañar lel fanatismo que provoca el personaje ideado por Bram Stoker elucubrado a partir de la figura histórica de Vlad Tepes, el empalador de Valaquia. 

Lo cierto es que desde aquella versión de los años setenta (filmada en un technicolor admirable y un espíritu reivindicador de la figura histórica de Tepes por sobre la versión mítica) hasta la actualidad, los rumanos supieron utilizar el cine como un catalizador de su pasado y de sus traumas alcanzando un lugar de privilegio dentro de las cinematografías de países del este europeo. Sin embargo, en ese centenar de películas que se filmaron luego del fusilamiento del matrimonio Ceaucescu el Conde Vlad Tepes parece no haber encontrado un lugar ni un modo digno para ser representado en pantalla grande y trascender el circuito de festivales internacionales. Por eso, cuando llegó la información de que Radu Jude filmaría una versión moderna del mito de Stoker se vivió como una verdadera ilusión ya que, luego de varios años y con la experiencia alcanzada por los cineastas rumanos, se pensó que podríamos asistir finalmente a la mirada que aquel pueblo tiene de uno de sus mayores mitos y personajes históricos. 

El film de Jude se basa en la historia de un grupo de actores que realizan una performance en un castillo de Sighisoara, al cual, noche tras noche, un grupo de turistas llega hasta allí para ver un espectáculo pseudoerótico entre un falso Drácula y una de sus damiselas nocturnas. El show finaliza con la huída de Drácula y su amante e invita a que el público, munido de estacas y celulares listos para registrar la travesía, se largue por los edificios más emblemáticos de la ciudad intentando encontrarlos y hacerse con un premio. En paralelo a aquel relato delirante, un cineasta recibe a través de sus redes sociales una serie de propuestas del público para filmar diferentes versiones del mito las cuales atraviesan todos los géneros y formas posibles, incluida una versión realizada por inteligencia artificial. 

Y bajo ese tópico es que el film comienza a materializar cómo se verían en imágenes aquellas propuestas conviviendo con el relato inicial de los actores del castillo pese a no tener ningún tipo de conexión más allá de compartir los elementos del universo vampírico que se intenta reflejar. Así es como con esa estructura a cuestas, a lo largo de la trama, el espectador puede asistir a la historia de una anciana que se interna en una clínica rejuvenecedora para recobrar la juventud, algunas versiones de Dráculas que padecen de diferentes filias y fobias (fracasados, decadentes o sexoadictos) y la de unos actores que intentan reflotar el mito sin caer en el trillado cliché del mito de Stoker. 

Sin embargo, más allá de los esfuerzos del director por materializar una propuesta novedosa y moderna, la extremada duración de la trama, algunas inconsistencias del guión (sumadas a pésimas actuaciones) hacen naufragar el proyecto ubicándolo casi al borde de parecer un bochorno cinematográfico. Sobre el final -el cual parece que jamás llegará- la sensación que resuena en la cabeza el espectador es que Jude tuvo la enorme posibilidad de mostrarle al mundo una mirada original y crítica desde el corazón mismo de donde se originó el mito y la desperdició al optar por un pastiche visual y narrativo que confunde, aburre y confina a la pieza a que perezca en el olvido

Calificación: ** Regular 

DRACULA (Rumania, 2025) Dirección: Radu Jude, Elenco: Adonis Tanta, Gabriel Spaiu, Alexandru Dabija, Illinca Malahonache, Musica: Hervé Birolini, Fotografía: Marius Panduru, Duración: 170 minutos- Color.

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