Durante años llamó la atención porqué los rumanos solo produjeron una versión de Drácula (la de Doru Nastase en 1979) mientras que otros tantos directores foráneos se dedicaron a realizar las versiones más disímiles y experimentales que se puedan imaginar. Si bien durante los años del comunismo de Ceaucescu era entendible que no se destinaran fondos para filmar historias que no estuvieran destinadas a la propaganda del régimen, una vez que este cayera, no se intentaron proyectos que lograran competir o acompañar la ola vampírica que provoca el personaje ideado por Bram Stoker ideado a partir de la figura histórica de Vlad Tepes, el empalador de Valaquia.