Manuela es una joven chilena que habita en Paris desde hace un tiempo y allí desarrolla su proceso de transición sexual. Al inicio del film la joven aparece bailando en diferentes locaciones de la capital francesa e invita, con ello, a recrear simbólicamente en la mentalidad del espectador algunos de los mitos que pesan sobre ella tales como que es la ciudad del amor, que es un sitio ideal donde la felicidad está asegurada y esa idea de que es el ultimo espacio en el planeta donde aún se puede soñar con la bohemia eterna.
Pero lo cierto es que luego de la presentación cargada de lirismo y una estética preciosista, Manuela comienza a desnudarse frente a os ojos del espectador y deja al descubierto aspectos de su vida que no hablan de existencia perfecta ni mucho menos portadora de una felicidad absoluta. El padecimiento de una depresión, la toma de ansiolíticos y medicamentos psiquiátricos, el rechazo de alguna parte de la sociedad y la duda instalada en el centro de su ser sobre si debe quedarse intentando sobrevivir en París o regresar a su Santiago de Chile, son sólo parte del complejo día a día que la joven vivencia . Y en el medio de esos planteos, frente a una cámara omnisciente y un relato con su propia voz que por momentos identifica y conmueve, Manuela duerme, se despierta, vive, sufre, ama y sigue adelante con el ritual de la existencia, aun cuando queda claro que pocas cosas para ella valen la pena el esfuerzo.
Una noche, mientras llora su desazón frente al Sena, conoce casualmente a un turista norteamericano que se acerca y la consuela desplegando la idea de “bondad de los desconocidos”. Luego de escucharla y robarle una sonrisa el joven logra sacarla del estado en que se encuentra y, a los pocos fotogramas, aparecen bailando desenfrenadamente en una discoteca del Quartier latin. La noche termina con ellos dos juntos en un hotel y con los aires renovados para Manuela quien, a la mañana siguiente, huye como una amante furtiva dejándole un mensaje.
Aquel encuentro inesperado la llevará a reflexionar sobre algunas cuestiones de su existencia y la enfrentará cara a cara con el pedido de algunos de sus afectos que intentan convencerla de que Francia es mucha mejor opción para terminar la transición que Santiago de Chile. Y allí es donde Manuela alcanza el punto más alto de conflictividad en la trama ya que queda frente a frente con interrogantes como ¿Qué debe hacer? ¿Seguir intentando en una ciudad en la que aún no encontró su sitio? ¿o regresar a la de sus orígenes e intentar deconstruirse en un terreno local?

A partir de la visibilización de Manuela y el derrotero para ser aceptada en un mundo que no es afecto a la aceptación, el film de Nicolás Videla es una excelente oportunidad para inmiscuirse en el costado menos visible pero más vulnerable de quienes atraviesan un proceso de transición sexual y la consolidación de una identidad que se supone, es el derecho inalienable de cualquier individuo que habita en este planeta. La pequeñez de Manuela en la inmensidad apabullante de París supone una metáfora perfecta para empatizar con aquellos que atraviesan un proceso de esas características y que quedan en estado de indefensión producto del individualismo, la falta de respeto y una otredad recalcitrante sostenida en cánones morales, religiosos y conservadores.
Sin embargo, más allá de la trama y de las hermosas imágenes con las que se construyó el relato, el film atesora tras de sí una interesante significancia y está relacionada con la historia de Manuela Guevara actriz, esa misma que interpreta a la Manuela emparentada con la magnificencia del diablo y que, al igual que la protagonista de la historia, llegó a Francia buscando un espacio de libertad como no había podido encontrar en su Chile natal.
En una entrevista a RFI – Radio France International, la actriz contó cómo llegó a aquella decisión de instalarse en París y de todo lo que tuvo que vivir como corolario previo a aquel instante bisagra en su vida. Antropóloga de profesión (especializada en patrimonio inmaterial de la humanidad) y autodefinida como una “exiliada sexual” Guevara declaró que el film surgió como un proyecto entre amigos y que se realizó con aportes individuales, con una sola cámara, un micrófono, un solo equipo de luces y sin ningún permiso oficial de la administración parisina para rodar en las diferentes locaciones en las que transcurre la historia.
Por ello, El diablo es magnífico es un film extremadamente interesante que plantea un abanico de temas tales como la identidad sexual, la aceptación, el amor, el exilio, la discriminación, la tolerancia y el respeto hacia cualquier tipo de diversidad o minoría. Sin dudas, todas cuestiones sobre las cuales los seres humanos de este nuevo siglo deberían seguir trabajando y creando conciencia para que, el mundo, algún día, llegue a ser realmente igualitario y merezca la pena ser vivido.
Calificación: *** (Buena)
EL DIABLO ES MAGNÍFICO (Chile-2016) Dirección: Nicolás Videla, Guión: Nicolás Videla, Manu Guevara, Sebastián Gonzalez, Elenco: Manu Guevara, Daniel Larrieu, Vicktor Philip, Isabelle Ziental, Vincent Franchey, Fotografía: Sebastián Posse y Nicolás Videla, Duración: 69 minutos-Color