Los años sesenta en Argentina fueron tan convulsionados y llenos de cambios tanto como lo fueron en el ámbito internacional. Mientras allá afuera el mundo se dividía entre dos polos (el del capitalismo y el del comunismo los chinos comenzaban a exportar la revolución como mercancía, los rusos les pisaban los talones al fantasma de Armstrong con una perra heroína del soviet y el Che, Kennedy y Luther King se transformaban en memoria, en Argentina, Perón ya era el gran fantasma nacional y las dictaduras disfrazadas de revolución, seguían desangrando al país en lo político, económico, social y cultural.