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13 Jan
13Jan

Mirtha Busnelli es una de las grandes actrices del teatro nacional. Sus trabajos que incluyeron teatro, cine, radio y televisión no sólo la transformaron en una cara visible de nuestra cultura vernácula contemporánea, sino que la volvieron, además, un personaje muy querido por el público. Es por ello que no significó para nada extraño que cuando apareció la publicidad de La estrella que perdí, la audiencia no advirtiera en ella cierto homenaje a la actriz, independientemente de la historia que materializa la trama. 

En la ópera prima de Luz Orlando Brennan, Busnelli interpreta a Norma Reyes, una actriz que tuvo un pasado de gloria en los escenarios nacionales y que perdio brillo con el paso de los años. El personaje sufre no sólo los embates de una belleza y una juventud que se alejan sino, también, la sensación de no encontrar un sitio en tiempos modernos en los cuales las exigencias artísticas y las formas de abordar un proyecto teatral difieren enormemente de aquellas a las que está acostumbrada. 

Así es como mientras pasa sus días en compañía de una hija que aún no encontró su rumbo (Ana Pauls) y una empleada doméstica que la asiste como si fuera una criatura (Susana Varela) Norma lee guiones, oye propuestas y espera el llamado que el rescate del olvido y le devuelva el brillo que alguna vez tuvo y que ahora cree perdido. 

De ese modo, las plegarias surten su efecto y la actriz recibe una propuesta para encarnar a la bisabuela de una estrella mediática de turno y que tuvo la suerte de ser la elegida para estrenar una obra en el Teatro San Martin. Y es a partir de allí que le surgirán una serie de preguntas e interrogantes tales como ¿está dispuesta a interpretar el papel secundario de la bisabuela de una jovencita no consagrada sólo por volver al escenario? O ¿Es justo que con su trayectoria deba atravesar tediosos ensayos rodeada de jóvenes que nada entienden de cómo se lleva a cabo una puesta teatral? quedando expuesta con ellos a un estado de vulnerabilidad emocional, el cual la obligará a replantearse no sólo la forma de abordar el proyecto sino, además, lidiar con algunas cuestiones personales no resueltas y que son una consecuencia inevtable de su ingreso a la “ancianidad”. 

Con ese planteo, Luz Orlando Brennan desarrolla una trama interesante, con tonos de comedia pero que, en el fondo, esconden el drama que padecen aquellos que llegan a la madurez y sienten que el mundo ya no tiene un lugar para ellos. Sin dudas, uno de los grandes aciertos del guion está en la forma en que la directora plantea para que Norma pueda sortear esa situación traumática y compleja desde una psiquis que tiene algunos recursos que no tiene el resto de los mortales que no se dedican a la actuación. 

Además de una estructura sólida y unas actuaciones que garantizan una obra de calidad, el film cuenta con otros elementos que caben la pena destacar. La inclusión de imágenes de la misma Busnelli para hacerlas pasar como interpretadas por Norma Reyes, la elección de Ana Pauls para que interprete a su hija y la incorporación de escenas teatrales dentro del cine vuelven al film una pieza más que interesante. 

Quizás el mayor acierto de la pieza no tenga que ver con la elección de las actrices ni con el merecido homenaje que supone a la figura emblemática de Mirtha Busnelli. El mayor acierto, sin dudas, fue adoptar una mirada crítica y dejar expuesta la concepción que se tiene sobre la tercera edad, discriminadora y estigmatizante sobre aquellos que la atraviesan por no encuadrar en los cánones éticos y estéticos que la sociedad establece para cada estadio de la vida de un modo erróneo y distorsionado.

Calificación: *** (Buena)

LA ESTRELLA QUE PERDÍ (2024-Argentina) Dirección y guion: Luz Orlando Brennan, Elenco: Mirtha Busnelli, Ana Pauls, Gustavo Garzón, Susana Varela, Ezequiel Asnaghi, Música: Juan Manuel Ponce de León y Francisco Ponce, Fotografía: Agustin Trincavelli, Duración: 99 minutos-Color

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