Cuando ya iniciado el siglo veintiuno el mundo digital aún no había llegado a ser contemplado en su totalidad por las diferentes legislaciones, apareció la I.A Inteligencia artificial y complicó aún más la cuestión. Ligado a dilemas morales, éticos y filosóficos, el mundo digital – entendido como una prolongación de los nuevos avances científicos- planteó desde sus inicios una grave peligrosidad ya que le brindaba, a los seres humanos, la capacidad de creerse dioses pergeñando, creando o destruyendo seres que, en apariencias, eran portadores de cualidades que podrían competir con el hombre real de carne y hueso.