Con la llegada del color al cine, México encontró una buena forma de capitalizar la nueva tecnología y seguir desplegando una serie de producciones de terror realmente dignas de ser conocidas por el mundo entero. Si bien la barrera idiomática parecía circunscribir el cine local sólo a países de habla hispana, el caso de México pudo trascender las fronteras y llegar a las pantallas de las más diversas geografías tanto de Europa como de los principales países de Asia. Así es como aquel cine de terror supo indagar en las creencias, supersticiones y cosmovisiones del complejo ser mexicano y a partir de ellas elucubrar las más interesantes historias que acabaron en formato fílmico alcanzando verdaderos éxitos de taquilla.