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12 Dec
12Dec

Además de arte e industria el cine también puede ser una buena excusa para acortar brechas culturales, sociales, políticas o religiosas. Por su indiscutible carácter de representación y por generar como pocos verdadera conciencia en los espectadores, el séptimo arte ha logrado, a lo largo de la historia, exponer personajes o acontecimientos antagónicos posibilitando un acercamiento que antes parecía sólo destinado a dirimirse en las vías destinadas para tal fin. 

Y en ese sentido FAUDA, la nueva serie de Netflix que muestra las vicisitudes del conflicto Palestino-israelí -desde una mirada descarnadamente realista- es un gran ejemplo de ello.Desde los inicios del conflicto a mediados del siglo XX tanto israelíes como palestinos destinaron buena parte de su producción artística a exorcizar de algún modo las dolorosas consecuencias de un enfrentamiento que, con el correr de los tiempos, se vuelve cada vez más irracional e inexplicable y que alienta con más fuerza la idea de que una tregua razonable supone un sueño imposible de lograr. 

Pero  lo cierto es que el cine, ya sea cuando provenía de un lado o del otro, se dedicó a marcar en sus producciones un punto de vista ciclópeo y destinado a ser manifiesto de aquello que consideraban justo.Así es como mientras que buena parte del cine israelí se dedicó a mostrar al pueblo palestino como okupa en un territorio que consideraba legítimo, fundamentalista en virtud del carácter islámico y terriblemente sanguinario (fundamentado en la idea de “Guerra Justa y Santa”) los palestinos, por su parte, invirtieron la carga sobre sus enemigos hebreos y elaboraron tramas que les sirvió para generar en el público el rol de victimarios, apartándose en la mayoría de los casos de una mirada crítica sobre su propio accionar. 

Es por eso es que FAUDA, con su particular interpretación y representación de los hechos demostró ir mas allá para transformarse en  una bisagra en esa vieja forma interpretativa que, mediante la focalización en el aspecto mas “humano” de quienes están a un lado u otro del muro, deja en claro que el conflicto, desde hace tiempo, dejó de ser una mera puja de intereses estratégicos y se transformó en una de las peores tragedias que se haya visto en la historia contemporánea.

FAUDA fue escrita por Avi Issacharoff - un periodista especializado en cuestiones islámicas-y por Lior Raz, un actor y escritor de origen israelí que no sólo vivió un pasado como agente terrorista sino que, además, interpreta a Doron, el protagonista que pone en marcha los acontecimientos que determinan la atrapante trama. El hecho de que ambos tuvieran un acercamiento real de la cuestión quizás sea uno de los elementos que hacen que la producción se aparte del costado meramente belicoso que tiñe todo lo hasta ahora filmado y alcance el gran nivel de credibilidad y verosimilutud que se desprende en cada una de las historias que componen el relato.

La historia comienza cuando una élite antiterrorista hebrea descubre que uno de los principales líderes palestinos que ellos creían muerto (Abu Ahmed apodado “La Pantera”) logró sobrevivir a la balacera que le propinaron y que, desde la clandestinidad, planea continuar con el plan de atentados propuestos antes de su supuesta ejecución. De esa forma, Doron, quien estaba alejado de la actividad decide volver para acabar con aquella misión que le quedó trunca con la “resurrección” del palestino. 

A partir de ese momento, la célula israelí (integrada por un grupo de hombres calificados para el camuflaje y para inmiscuirse en territorio enemigo sin problemas) inicia un plan de acción que justifica cada uno de los doce capítulos que integran la serie. Sin embargo, no son las persecuciones ni las emboscadas que pergeñan ambos bandos en pugna las que vuelven a la serie novedosa e interesante, sino que lo es el enjambre de dudas, conflictos existenciales, inseguridades, sentires y pesares que expresan cada uno de los personajes a través de sus psicologías individuales, las cuales adquieren entidad cuando se las piensa como engranajes lógicos del complejo e inexplicable universo filosófico que plantea la guerra. 

Teniendo esa cualidad en cuenta se explica porque resulta inevitable que el espectador experimente una identificación directa con cada uno de ellos y arribe a la conclusión de que la tragedia es lo único claro del conflicto y que, tanto de un lado u otro del muro, lo único que hay es seres que ven modificadas sus vidas y nada pueden hacer, dado que son presas de un sistema petrificado e insensible y de la innegable necedad de sus gobernantes.

Otro elemento que deja al descubierto la particular mirada israelí sobre la cuestión es aquella que visibiliza las relaciones que ambos estados mantienen, ubicada como telón de fondo tras el pueblo que, en un desesperante primer plano simbólico sufre en carne propia los bombardeos, las prohibiciones, las muertes y la idea de que la vida, mas que en otro lugar del planeta, vale menos que la bala que se las puede arrebatar a la vuelta de cualquier esquina.

Asimismo, la mirada sobre el colectivo infantil, víctima innecesaria pero material del conflicto, merece una apreciación especial. Los niños en la serie aparecen como sujetos predestinados a sufrir la desintegración de sus familias, la negación de saberse originarios de un territorio y mucho menos de poder desarrollar una conciencia histórica alejada de los dogmas religiosos que los mantienen y los guían. 

Si bien hay algunos personajes infantiles secundarios, es en la figura de los hijos de ambos protagonistas (del terrorista islámico y del asesino a sueldo que no tiene otro objetivo en su mente más que acabar con él) donde se observa cierta inflexión hacia la autocrítica, ya que la niña islámica acaba siendo carne de cañón en un intercambio de rehenes (con el peligro de volar por los aires si los israelíes accionan el detonador de las bombas que lleva en su chaleco) y el niño israelí demuestra no sentir piedad alguna al empuñar un arma y amenazar de muerte a quien cree el responsable de la disolución familiar.

FAUDA es una serie fundamental para aquellos que quieran ahondar en las cuestiones que tienen en vilo a ese sector de Oriente medio. Lejos de las sombras en las que la ficción suele caer cuando se intentan exponer hechos históricos –a través de la interpretación sesgada o ciclópea de los mismos- deja al descubierto el verdadero rostro del conflicto que no es ni más ni menos que la vertiginosa desintegración física y psicológica de quienes lo padecen. 

FAUDA (2015, Israel), Dirección: Avi Issacharoff , Lior Raz, Assaf Bernstein, Elenco: Lior Raz, Hisham Suliman, Shadi Mar'i, Laëtitia Eïdo, Itzik Cohen, Yuval Segal,Neta Garty, Hanan Hillo, Tomer Kapon, Tsahi Halevi, Rona-Lee Shim'on, Boaz Konforty, Doron Ben-David, Fotografía: Nitai Netzer, Música:Gilad Benamram. 12 episodios de 30´, Color.

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